Elena Samitier

En Holanda, al igual que los tulipanes, los canales, los Coffee Shops, la Heineken etc, las bicicletas forman parte de la atracción turística, y de su mitificación como un país ejemplar en lo que a progreso mental y respeto se refiere.
Primero surgirían las bicicletas. Luego, surgirían las normas de conducción de las mismas y variarían las de los demás automóviles. Al ver que una persona montada en una bici era más frágil que otra metida en un coche y su peligrosa compatibilidad en un mismo carril, surgirían los carriles bici ¡Perfecto! El número de ciclistas aumentaría considerablemente viendo las facilidades que les prestaban. Surgía un problema: ¿Dónde meter tanta bicicleta? ¡Había que hacer aparca-bicis! ...Así sucesivamente.
Lo que es extraño, a estas alturas, es que no se les haya ocurrido poner alguna medida para que se pueda ir con las bicis en los trenes y otros medios. ¿Será que es cuestión de espacio? Por algo el transporte público se llama así, es transporte para personas ¿Será esa la razón por la que mucha gente tiene dos bicis, una cerca de su casa, y otra cerca de donde trabaja..
Estos holandeses han hecho un país acogedor, amable y cuidadoso con los más débiles. También, algo de lo más necesario, pero cada día de las más frágil, es el medio ambiente. Un lugar donde predomine la bicicleta al vehículo que gaste gasolina, le viene al pelo.
En la Comunidad de Madrid...¡Se ha dado un gran paso! Ahora tooodos los ciclistas que se atrevan a ir en bici en Madrid pueden transportar la bici en el metro. Por algo hay que empezar aunque no sea ni por los pies, ni por la cabeza.