Ilustración: Cristina Samitier

Cuando estaba a punto de cantar quien había hecho la trastada, una voz ronca, aclarada tras un ligero carraspeo, acusó: “Ha sido Carlos Ladilla”. El profesor se acercó a Juanito y le regaló un afectuoso apretón en su hombro derecho. “Muy bien López”, y seguidamente se dirigió a la clase: “No crean que Juan López es un mal compañero por haber confesado el delito de Ladilla. Todo lo contrario, con actitudes como la suya es como la sociedad avanza hacia un bien común de solidaridad. Sé que con su crueldad característica algunos de ustedes le tacharán de chivato, pero de no haber sido por él, todos habrían sufrido el castigo. Juan es un ejemplo claro de futuro filántropo. Yo le felicito y le aplaudo López”. Tras aquel sinfín de elogios hacia mi compañero, me sentí muy mal, era un traidor, no había cabida para mí (un encubridor, un cómplice... un mentiroso) en el mundo de la moral cristiana. Había fallado a mi sociedad actual: mis compañeros de clase; a mi por aquel entonces dirigente: Don Constancio; y sobre todo a mí mismo. Me dieron ganas de gritar que yo también iba a confesar, pero que mi compañero se me había adelantado por un suspiro, y me había privado de la gloria y de los elogios. Un sentimiento de frustración se apoderó de mí, pero empezó a disiparse cuando Don Constancio se encaró a Carlos Ladilla y le abofeteó hasta que este cayó al suelo envuelto en lágrimas.
Me sentí un héroe en el anonimato, que digo uno, todos éramos héroes salvo López y el bruto de nuestro profesor. Esta vez, mi malestar (que había cambiado de rumbo) se prolongó tras aquella interminable clase de Ciencias sociales, pero casi desapareció completamente camino de casa, cuando vi en una callejuela como Ladilla propinaba una soberana paliza a Juan López.
¿Se haría justicia también con el educador? Siempre me quedó la duda.
Me parece un poco anclado en el pasado, pero a la vez el mensaje es actual. No deja de ser moralizante y no del todo reflexionante hacía cierta ética que se echa de menos hoy en día por su falta en las formas y en las actitudes, así como en la no proliferaciones de ciertas aptitudes sociales.
ResponderEliminarMoralín y Cadalso.
Lo mejor del texto... la ilustración!
ResponderEliminarPues un toque de moral nunca viene mal. Me gusta.
ResponderEliminarYepa! Sí señor! Ya era hora de que colaboraras Joaquinillo; que lo veo venir, que nos vamos a hacer ricos y famosos, o bueno, al menos ricos.
ResponderEliminarMenudo equipo, menudo equipo!
amigo de ted, no se pueden desvelar los pseudónimos tan a la ligera.....
ResponderEliminarelisa, la moral no sirve mas que para confuncir (ves?), es un término inventado por la iglesia. en todo caso me quedaría con la ética, que es más pagana.
anónimo, la ilustradora te lo agradecerá pero, no estarías el otro día en "pepe el guarro"?
joaquín, no está anclado en el pasado puesto que aquella generación de niños sigue viva, y aquel comportamiento de aquellos energúmenos sigue vivo en esos ya "no niños". además no estoy contigo con respecto a que tenga moralina (si a caso por el tema de chivarse, pero eso no era mas que una regla entre chavales, uno no se podía chivar). lo que tiene es crítica.
chicos! va a salir un perversión bonito bonito, está casi maquetado, y la semana que viene se imprime en zaragoza!
No sé, estoy de acuerdo con vosotros, pero... sigo teniendo dudas.
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